PreciosCuánto cuesta una web de restaurante en Euskadi (y por qué los presupuestos varían tanto)
La pregunta llega siempre en la primera llamada. Y la respuesta honesta es que un presupuesto de 400€ y otro de 4.000€ no son el mismo producto con distinto margen: son dos cosas distintas con el mismo nombre.
Lo que hay en una web de 400€. Una plantilla comprada, un logo metido en la cabecera, la carta en PDF y nadie que la actualice. Funciona el primer mes. Al segundo, el plugin se ha roto, la carta está desfasada y el móvil se ve mal. El coste real no es 400€: es 400€ más otros 2.000€ dentro de un año para rehacerla.
Lo que hay en una web de 3.000€. Diseño propio sobre tu carta y tu local, carta digital editable por ti, reservas conectadas, velocidad medida y formación para que no dependas de nadie. Cuesta más porque hay más trabajo y porque aguanta años.
Las tres preguntas que separan uno del otro. ¿Puedo cambiar la carta yo mismo en cinco minutos? ¿Quién responde si algo se rompe un viernes? ¿De quién es el dominio? Si el proveedor duda en alguna, ya tienes la respuesta.
Regla de la casa: si un presupuesto no explica qué incluye, no es un presupuesto, es un número.
HosteleríaLa carta en PDF te está costando reservas
No es un problema de diseño. Es un problema de fricción. Y la fricción, en hostelería, se paga en mesas vacías.
Un cliente entra en tu web desde el móvil, con hambre y con prisa. Si la carta es un PDF, tiene que descargarlo, hacer zoom, desplazarse en horizontal y volver atrás. Cada uno de esos pasos pierde gente. No porque el cliente sea impaciente, sino porque es humano.
Lo que funciona. Carta en HTML, legible sin zoom, con precios, alérgenos y una foto por sección — no por plato. Un botón de reserva visible en todo momento. Y un «hoy no hay X» que se pueda actualizar en 30 segundos desde el móvil del encargado.
Lo que además te da dinero. La carta digital te dice qué mira la gente y qué no. Si el 80% abre la sección de postres y no reserva, tienes un problema de postres, no de web. Ese dato no existe en un PDF.
MarcaUsar el lauburu sin hacer un souvenir
La identidad vasca es un activo, no un adorno. Y hay una línea muy fina entre las dos cosas.
El lauburu, la ikurriña, el caserío, la trainera: son símbolos con carga. Funcionan cuando se usan con criterio tipográfico y de composición, y fallan cuando se pegan encima de una foto como una pegatina de aeropuerto. La diferencia no es el símbolo, es el oficio con el que se coloca.
Tres reglas. Un símbolo por pieza, no cuatro. El símbolo se dibuja, no se importa: si el trazo no encaja con tu tipografía, se redibuja. Y nunca explica lo que ya dice el nombre — si te llamas de aquí, no hace falta gritarlo.
Izaera ez da apaingarria. Identidad no es decoración.